Factor Humano vs IA. SoftManagement May 1, 2026

Factor Humano vs IA.

Por: Carlos Francisco Restrepo ~ Gerente Maximizar Equipo Consultor 

Hace unos años asistí a la conferencia “El potencial está en la mente” del Ingeniero Daniel Herrera Reginatto. Debo decir que antes de iniciar la conferencia no sabía nada de Daniel y por tanto no tenía ninguna expectativa particular, así que me tomó totalmente desprevenido y me dejó profundamente impactado el encontrar que tiene parálisis cerebral y que, a pesar de su evidente dificultad para moverse y hablar, no tuvo ningún problema en pararse frente a un grupo de profesionales y directivos, para darnos una lección de vida.  

Su historia me pareció más que inspiradora y sus resultados, sin duda alguna, extraordinarios pues, para lograr lo que ha logrado, Daniel se ha pasado la vida rompiendo paradigmas:  Estudió en el Colegio Hacienda los Alcaparros, que no es un colegio para personas en condición de discapacidad, ni nada parecido; se graduó como Ingeniero Industrial de la Universidad de los Andes con una tesis premiada,  es coach certificado, emprendedor, toca piano y es un conferencista muy solicitado.

De su conferencia quiero resaltar una idea central: Todas las personas tenemos debilidades, pero son nuestras fortalezas lo que nos permite transformar la realidad, empezando por la nuestra. 

Y en efecto, es a través de sus fortalezas que Daniel ha salido adelante. Resulta evidente que cuenta con recursos sorprendentes, impresionantes de hecho, que le han permitido hacer grandes cosas, superando no solo los obstáculos impuestos por su condición, que no son menores, sino también aquellos impuestos por el entorno, a partir de estereotipos sociales fuertemente arraigados. 

Esto me lleva a otra idea y es que los humanos más que ser un recurso, tenemos recursos. 

De hecho, se trata de recursos muy valiosos ya que, la inteligencia (en todas sus formas), la intuición, el conocimiento, la creatividad, la imaginación, la curiosidad, la fuerza de voluntad, el valor, la sagacidad, la constancia, el esfuerzo, el carisma, la elocuencia o el humor, suman fuerzas para enfrentar tormentas, mover incluso la carga más pesada, llegar más lejos de lo que nadie ha llegado o para hacerlo más rápido o mejor. Y es que, a lo largo de la historia, gracias a estos recursos hemos cambiado el mundo, modificado nuestro entorno, edificado imperios, develado misterios, vencido enfermedades, derribado obstáculos infranqueables, abierto nuevos horizontes y explorado nuevas fronteras. 

Si bien son estos recursos inherentes a nuestra condición humana, resulta evidente que para cada persona es diferente. Todos tenemos una combinación de ellos, quizá más de una cosa que de otra, quizás carecemos de alguno y nos sobre de otro. Sin importar como sea, tales recursos encierran, sin duda alguna, la llave para conquistar el futuro. 

Todos ellos son vitales para las organizaciones y, sin embargo, nos enfrentamos a un problema, pues muy a menudo no son desplegados ni aprovechados, se mantienen ocultos, latentes, como esperando a ser convocados. Y no es un secreto que muchos trabajadores y empleados no revelan cotidianamente (o al menos no entregan voluntariamente) los recursos de los que disponen y se mantienen dentro de lo que podríamos llamar “zona de confort”, cómo si la persona no tuviera algo para entregar o si sus debilidades fueran tan grandes que, de forma abrumadora, opacaran sus fortalezas y, con una preocupante frecuencia, vemos aparecer las debilidades, camufladas detrás de excusas, quejas, reclamos, temores y preocupaciones. 

Quizás es por ello por lo que surgió el concepto “motivación”, como herramienta para impulsar a la gente a aportar aquello que tiene. Y es por ello por lo que la evolución consciente del liderazgo es tan importante, ya que, se piensa, allí está la clave para que los humanos despleguemos todos recursos de los que disponemos poniéndolos al servicio de una causa común. Yo tengo tal creencia. 

Por supuesto, es justo preguntar como un líder puede guiar y motivar a su gente para que ello ocurra, especialmente en un momento histórico en el que el desarrollo tecnológico ha venido avanzando a tal velocidad que, cada vez más, las máquinas pueden asumir tareas que antes eran realizadas por personas y es probable que en muchos casos lo hagan de forma más eficiente y mejor. Una era donde los “gurús de la tecnología” Elon Musk, Bill Gates, Sam Altman, Dario Amodei y Geofrey Hinton, entre muchos otros, han advertido públicamente sobre la potencial pérdida de empleos por causa de la IA, y, muchos han empezado a pensar que las personas llegarán, más pronto que tarde, a ser prescindibles para el desarrollo económico. 

No obstante, no debe olvidarse que los creadores de la IA han sido personas, y que somos los humanos los responsables del avance tecnológico. Y todo ello es gracias a los recursos de los que disponemos. 

Elbert Hubbard, filósofo estadounidense afirmó que “una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario” y yo estoy de acuerdo, con la salvedad de que creo que todos tenemos el potencial para ser extraordinarios; lo cual será cierto para todas aquellas personas que saquen provecho de sus fortalezas.  

En lo que sí estoy de acuerdo es que el rol del ser humano en el trabajo viene evolucionando y seguirá haciéndolo, tal vez hoy más rápido que nunca, y que ello conlleva un cambio, que debe ser adecuadamente gestionado. Pero evolucionar no es igual que prescindir. 

De ninguna manera estoy sugiriendo que haya que oponerse al avance tecnológico, por el contrario, creo que hay que abrazarlo. Pero al mismo tiempo afirmo que hay que resaltar e impulsar el factor humano. 

Así las cosas vale la pena preguntarse a donde podremos llegar si a las capacidades de la IA le sumamos nuestras fortalezas. Yo creo que entraremos en una era de prosperidad y lucidez, y tendremos un futuro brillante, de la mano de la tecnología. Si no lo hacemos… probablemente se cumplan los vaticinios de Elon Musk y compañía.

Es natural que a muchos les preocupe quedarse atrás y que otros, ante el poder y la relevancia que la IA está adquiriendo, teman perder el control. Así que algunos la adoptarán por miedo y otros, también por miedo, retrasarán cualquier decisión al respecto. 

Sin duda, el contexto actual genera incertidumbre; por ello, el liderazgo debe cuestionarse y revisar su papel frente al futuro.  Y para ese proceso, invitaría a cada líder a preguntarse si en realidad cree en el poder de las personas.  De ser así, será fácil concluir que si bien la IA es poderosa, al sumarle el factor humano, ese poder crecerá exponencialmente.

Entonces, ¿cómo resaltar el factor humano para desatar todo ese poder? 

Parto de la idea de que los seres humanos enfrentamos limitaciones propias y limitaciones del entorno que es necesario eliminar. Conectando con el caso de Daniel Herrara Reginatto, me atrevería a decir que él carece de una limitación que es común en muchos: el miedo a equivocarse. Es valiente y posee una enorme fuerza de voluntad; intenta y sigue intentando hasta lograr lo que se propone. Eso, y no su parálisis cerebral, es lo que lo hace especial. 

¿De dónde sacó tal ímpetu? Quizás venía preinstalado, aunque creo que más bien es fruto del entorno en que creció. Sus padres, lejos de lamentarse, enfrentaron sus temores con amor y determinación, enseñándole a enfrentar el mundo, a reconocer su valía y a asumir un propósito. Buscando igualdad de oportunidades, decidieron inscribirlo en un colegio “normal” dispuesto a asumir el desafío. No debió ser fácil, pues implicó enfrentar paradigmas del sistema educativo. Pero al lograrlo, le ofrecieron un entorno enriquecedor, retador e inclusivo, propicio para su desarrollo.

En el ámbito organizacional funciona de manera similar, ¿queremos que nuestra gente despliegue todos sus recursos para lograr grandes resultados? Entonces debemos inspirarlos. ¿Cómo hacerlo? Creando un ambiente retador e inclusivo, dando un propósito y transformando paradigmas limitantes. A su vez, frente a la llegada de la IA, debemos repensar y rediseñar el trabajo humano, para llevarlo a nuevas fronteras. 

Consecuentemente, debemos cuestionar el liderazgo, hacernos preguntas difíciles, como ¿qué tan preparado estoy como líder para escuchar y respaldar las ideas que mi equipo pudiera llegar a proponer?, ¿qué tan preparado estoy para promover su participación?, ¿qué tan preparado estoy para abrirme a la posibilidad de que cometan errores y acepta estos como fuente de aprendizaje y mejoramiento? o ¿qué tan preparado estoy para darles autonomía y, a partir de ello, aceptar y respetar las decisiones que pudieran llegar a tomar?

Para cerrar reitero la idea de que los humanos no somos un recurso, sino que tenemos recursos, poniendo de presente que, en lo que respecta al trabajo somos voluntarios y no propiedad, podemos renunciar e irnos cuando lo queramos, llevándonos nuestros recursos a otra parte. 

En nuestra esencia está la lucha, y es por eso que no veo la IA como amenaza, sino como oportunidad.

Sin mucho más por decir, la conclusión es simple: La evolución consciente del liderazgo conlleva trabajar desde las capacidades, no desde las discapacidades, desde las fortalezas y no desde las debilidades. 

Por tanto, una adopción inteligente de la IA no se centra solo en la tecnología, da protagonismo al talento.

[1]  El proyecto de Grado de Daniel se denomina “Proyecto Musical para la consecución de fondos para la Asociación Colombiana Síndrome de Down (Asdown)” que consistió en la producción real de un disco de música navideña que contó con la participación de Lucas Arnau, entre otros artistas reconocidos y la producción de importantes compañías de música como Sony Music & Entertainment y Estudios Audiovisión.

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